Conociendo a "La Torera"

Actualizado: 13 jul 2020




"La Torera" fue un personaje típico de la capital de los años cincuenta. Era una mujer delgada que vestía extravagantemente con blusas de encajes, falda larga y en su mano siempre llevaba un paraguas o una vara de madera con la que dio más de un golpe a los guambras que se burlaban de ella. Además tenía un sobrero característico de ala ancha.


Se dice que su apodo de Torera se originó cuando en una ocasión salió al Centro Histórico, vestida con falda roja y saco negro con un pequeño sombrero negro a la manera de un capote de torero.


Su nombre era Ana Bermeo, nació en Baños, Tungurahua en el hogar de una familia pudiente que posteriormente se radicó en Quito. Por algún motivo no conocido, su mente se trastornó, comenzó a adoptar varias manías y se convirtió en un personaje callejero. Sus mejillas eran rojas intensas por la gran cantidad de maquillaje que utilizaba. Solía llevar un pito colgado en su cuello para parar el tránsito cuando iba a cruzar las primeras calles de la ciudad.


En un principio, cuando le gritaban "Torera, Torera, Torera" ella saludaba amablemente, pero con el tiempo se convirtió en una mujer muy disgustada y perseguía a quienes le molestaba para golpearlos con su vara de madera.


Terminó sus días en el Asilo de Ancianos Corazón de María. Las hermanas que le conocían como era y que gustaba mucho de caminar, le permitían salir a la calles de la ciudad todos los días para que haga prosa de su vestimenta y caminado característico de ella. Un mal día salió la Torera a caminar como lo hacía de costumbre, pero sus años no le permitieron continuar con la vida; en un mal paso Ana Bermeo cayó al suelo provocándose una fractura en su pierna que no permitió continuar con su ajetreada vida.


Desde ese momento, la Torera, se fue apagando poco a poco, ya no se vestía con sus elegantes ropas ni se maquillaba como lo solía hacer, dejando el rojo a un lado y sustituyéndolo con un blanco pálido que adopto su rostro. Murió el 11 de enero de 1984 a los noventa años de edad, pero su recuerdo sigue latente en la mente de todos los quiteños que conocieron su historia.


Este y otros personajes, los encuentras en las cartas del Chulla y Cuquito, el juego que divierte a taitas y guambras de la capital


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